Historia. Lección 5.
La campaña de Hidalgo
La campaña de Hidalgo comenzó en Atotonilco. Allí, Hidalgo tomó un estandarte con la
Vírgen de Guadalupe. Cuando los insurgentes llegaron a Guanajuato, el intendente
quiso defender la ciudad y se encerró, junto con los españoles ricos, en la Alhóndiga
de Granaditas. Según se cuenta, un minero apodado el Pípila, se echó a la espalda una
losa de piedra, llegó a la puerta de la alhóndiga y le prendió fuego.
La tropa tomó el edificio, mató a sus ocupantes y saqueó la ciudad, hecho que
Hidalgo y Allende no pudieron evitar. Días después siguieron a Valladolid, que se
rindió sin luchar pues sus habitantes estaban atemorizados por lo que había sucedido
en Guanajuato.
Cerca de Valladolid, José María Morelos, fue a hablar con Hidalgo, que había sido
su maestro. Este le encargó que levantara en armas el sur de la Nueva España y se
apoderara de Acapulco, el puerto más activo en el Pacífico. Dominar un puerto era
importante para comunicarse con el exterior.
Hidalgo tomó Zitácuaro y Toluca, y avanzó hacia la ciudad de México. En las cercanías
de la capital, en la batalla del Monte de las Cruces, logró una victoria total contra
el ejército realista, el de los españoles.
Tras ese triunfo, Allende propuso que fueran sobre la capital, pero Hidalgo se opuso.
Tal vez consideró que no tenía hombres y armas suficientes, o temió que la ciudad
fuera saqueada como Guanajuato. El caso es que prefirió regresar a Valladolid;
desalentados por esa decisión, muchos de sus seguidores abandonaron el ejército.
Poco después los insurgentes fueron atacados por Félix María Calleja en Aculco, en
el hoy Estado de México, y sufrieron una terrible derrota. Quedaron casi aniquilados
y perdieron muchas armas y provisiones. Hidalgo se retiró a Guadalajara, donde se
suprimió la esclavitud y los tributos (impuestos debidos en productos) que pagaban
los indios. Mientras tanto, en otras partes del país habían estallado revueltas que
seguían su ejemplo.
Finalmente, el 16 de enero de 1811, los insurgentes fueron vencidos de nuevo, de
manera definitiva, por Calleja, en Puente de Calderón, cerca de Guadalajara.
Con unos cuantos soldados, Hidalgo y Allende marcharon al norte para comprar armas
en la frontera. En Coahuila, fueron traicionados y apresados, junto con Aldama y José
Mariano Jiménez. En la ciudad de Chihuahua se les sometió a juicio y se les condenó a
muerte. Hidalgo fue ejecutado el 30 de julio de 1811. Su cabeza, y las de Allende,
Aldama y Jiménez, fueron puestas en jaulas de hierro, en las esquinas de la alhóndiga,
en Guanajuato, como advertencia a la población.
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